Esta pieza de 2018 destaca por un manejo magistral del claroscuro, donde Diego Alcalde utiliza el carboncillo para esculpir la anatomía posterior con una tridimensionalidad casi escultórica. La obra se apoya en una técnica académica impecable heredada de su padre, Alfredo Alcalde, logrando transiciones tonales suaves que imitan con precisión la textura táctil de la piel. El uso estratégico de las luces reservadas sobre el papel resalta la curvatura lumbar y glútea,