Escultura religiosa tallada en piedra de Huamanga que representa a la Virgen del Carmen sosteniendo al Niño Jesús, ambos coronados como símbolo de su realeza espiritual. La imagen destaca por la delicadeza de sus pliegues, la serenidad de los rostros y el fino trabajo artesanal característico de este material. Su policromía en tonos cálidos resalta los detalles de la vestimenta y aporta profundidad a la composición. Es una pieza de gran valor artístico y devocional, representativa de la tradición escultórica peruana.