Escultura de arte sacro que representa al Arcángel San Miguel como protector y vencedor del mal, de pie sobre la figura del demonio en señal del triunfo del bien. La obra destaca por la riqueza de su policromía, el detallado tratamiento de las alas, la armadura y el escudo, así como por la expresividad de su composición. De manufactura artesanal y atribuida al siglo XIX, constituye una pieza de notable valor histórico, artístico y devocional, representativa de la iconografía religiosa tradicional y del legado escultórico virreinal.